sábado, 18 de abril de 2020

Suspensión de la Feria del Libro de Portugalete 2020


A nadie se le escapa, a estas alturas, que la pandemia del Covid-19 ha desbaratado todas las agendas y ha trastocado nuestras vidas cotidianas. Lo peor, desde luego, son las personas que han muerto o que han enfermado. Ni qué decir tiene que en estos momentos lo más importante es que se corten los contagios, se eviten más muertes y que podamos empezar a ver algo de luz.

Más pronto o más tarde saldremos de esta situación y por ello tenemos que pensar también en recuperar la normalidad. Pero hemos asistido de momento a la suspensión y aplazamiento de numerosos actos que había previstos para abril y mayo, tanto los nuestros, los actos de Cómplices Literarios Elkartea, como también los de otras asociaciones, grupos y plataformas, los del propio Ayuntamiento de Portugalete incluso.

Esto nos ha llevado a afrontar la realización este año de la IIIª Feria del Libro de Portugalete, que como es sabido iba a tener lugar a mediados de junio. Visto la envergadura que iba tomando la crisis sanitaria y sobre todo la adopción del estado de alarma, nos planteamos en un primer momento el aplazamiento de la Feria a fechas más adecuadas durante 2020. Resultaba evidente la dificultad de organizar una Feria en junio cuando además no había ninguna seguridad del final de tal situación, con la dificultad que comportaba tomar algunas decisiones de participación y logística en el actual estado de incertidumbre, no sólo para nosotros, también para los participantes de la Feria y de las mesas redondas.

Pero nos encontramos ahora con que se empieza a trastocar también otros actos previstos para los próximos meses, todo indica además que el proceso de recuperación de la normalidad social va a costar un tiempo más de lo que esperábamos y desearíamos.

Es por todo ello que hemos decidido suspender definitivamente en 2020 la III Feria del Libro de Portugalete y trasladarla a junio de 2021. Creemos que no hace falta decir que lamentamos esta decisión, habíamos puesto mucha ilusión en este encuentro literario, pero es inevitable ahora mismo centrar los esfuerzos en solucionar la epidemia e irnos recuperando poco a poco.

Nos hemos puesto ya en contacto con las entidades participantes para comunicarles esta decisión y queríamos también hacerla extensible a todas las personas que, sabemos, tenían previsto acudir y participar en el encuentro.

Deseando que estos meses pasen y podamos recuperarnos lo más pronto posible, os emplazamos a la IIIª Feria del Libro de Portugalete el año 2021.

Cómplices Literarios Elkartea

viernes, 13 de marzo de 2020

Actos de marzo suspendidos


La actual crisis sanitaria del Coronavirus nos lleva a suspender los dos actos previstos para Marzo, el maratón poético del próximo 17 y el club de lectura del 26. En este último caso nos convocamos para el 30 de Abril, que es el último jueves de mes, el día que nos correspondería reunirnos, y mantenemos para esa fecha el debate del libro que teníamos ahora, La sociedad literaria del pastel de piel de patata.

No es necesario explicar mucho los motivos. En este momento hemos de esforzarnos por evitar un contagio masivo que bloquearía el sistema sanitario, tenemos que cuidarnos y contribuir a que esta situación se resuelva lo más pronto posible. Eso sí, evitando histerias y nerviosismos innecesarios, es un mal momento, es grave, pero acabará y volveremos a vernos y a compartir nuestro amor por los libros.

Mientras tanto, lo mejor que podemos hacer es leer, reflexionar, buscar la belleza pese a todo y mantener los contactos habituales aunque sean por teléfono, procurando vivir todo esto con la mayor normalidad posible.

Un abrazo amistoso
Cómplices Literarios Elkartea

martes, 24 de diciembre de 2019

Suelta de libros y lectura navideña


Un año más, ante el inicio de las Navidades, hemos llevado a cabo nuestra suelta de libros ya tradicional por la Noble Villa de Portugalete. Hemos ido dejando libros en todos los barrios, para que de este modo algunos nuestros vecinos obtengan la pedrea de una lectura al azar.

Con esta costumbre queremos fomentar el placer de la lectura, es un pequeño gesto que pretendemos repetir en todas las Navidades, al igual que los intercambios de libros realizados a lo largo del año, porque creemos también que, además de la satisfacción personal que obtenemos con la lectura, la literatura posee una componente social enorme que hemos de potenciar.



Intercambiar libros, comentarlos en grupo, que sean una parte esencial de nuestras vidas, este es el fin de nuestro pequeño gesto.

Bien pronto, cuando aún no había amanecido, nos reunimos un pequeño grupo para comenzar un recorrido por la Villa y cuando ya se ha impuesto la luz del día los primeros paseantes matutinos de domingo, que este año además disfrutaron de una mañana muy grata, se encontraron con libros en los rincones más insospechados de calles y plazas, en las ventanas o junto a los portales, arrimados a estatuas o cerca de las fuentes.

Apenas unas horas después esos libros están ya en las manos de nuevos lectores. Es una pequeña sorpresa, un premio tal vez insignificante en términos materiales, pero enorme para quien conoce el valor de la lectura.


Un rato después, cuando nos acercamos al mediodía, tuvimos una lectura colectiva de cuentos navideños, esta vez de Hans Christian Andersen, en una maratón lectora que llegó hasta pasadas las dos.
Los soportales del Ayuntamiento fueron el lugar escogido y no pocos paseantes se acercaron a escuchar y algunos a leer, y de este modo pasar un rato agradable para compartir historias y amistad.


Una buena manera, sin duda, de ir acabando un año más y aspirar a un 2020 más literario si cabe.










sábado, 14 de diciembre de 2019

Presentación de «El viaje de Aixa» de Inma Roiz y Rober Garay


Es la historia de una muchacha, apenas una niña, Aixa, que parte del Pirineo central junto a su clan y viaja, aprovechando un leve deshielo y mejores condiciones climatológicas, hacia lo que hoy es el Urdaibai, en Vizcaya.

La época era bien distinta. Hoy la conocemos como el paleolítico, el periodo más largo en la historia del ser humano. El mundo era diferente. El miedo a lo físico, tal vez mucho mayor. No lo sabemos con certeza, nos cuesta imaginarnos lo que sentían, el miedo ante los peligros, la angustia por la debilidad propia de aquellos hombres y mujeres, sus sensaciones ante lo material y ante lo invisible, ante lo que les amenazaba –los animales, el clima, la obscuridad, el afán por la supervivencia– y ante lo que no veían, lo que no comprendían. Puede sin embargo que no fueran tan diferentes a lo que somos ahora, a pesar del tiempo y de las tecnologías, aun cuando tengamos, creemos, más seguridades, pero también tenemos los mismos miedos, las mismas incertezas.

La escritora Inma Roiz se ha metido en la cabeza de esa niña y nos ofrece su última novela, El viaje de Aixa, publicada por El Gallo de Oro, en la que nos propone recorrer no sólo el mismo trayecto que el clan, también el recorrido interior de la muchacha y de los hombres y mujeres que le acompañan. Cualquier viaje, ya lo sabemos, es sobre todo interior, lo que vivimos y vemos nos va modelando, nos confronta con el mundo, pero también con nosotros mismos. Para Aixa no va a ser diferente. Para los lectores, tampoco.

En este recorrido literario, Inma Roiz ha contado con la ayuda de Rober Garay, quien aporta a la novela sus ilustraciones que a todas luces refuerzan la contundencia del relato. Pero también le ha ayudado a comprender, en la medida en que  sea posible adentrarse en un tiempo diferente, aquel periodo de vida del que nos separan más de diez mil años.

De todo esto nos hablaron el pasado jueves 12 de diciembre en el Centro Cultural Santa Clara, durante la presentación del libro, Inma Roiz y Rober Garay.

Inma Roiz nos explicó cómo afrontó el reto de ponerse en la cabeza de Aixa y entender sus condiciones de vida. Para ello, Rober Garay compartió con ella su conocimiento enorme de esa época, los datos y las interpretaciones variadas sobre la época, pero también la acercó a la experiencia física de las cuevas y de los caminos, recorrieron lugares sin duda muy parecidos a los que viera Aixa y pudo mostrarles experiencias que viviera cualquier persona de aquel tiempo, las herramientas, por ejemplo, que ya empleaban o las armas con que cazaban. Contra lo que podemos creer, se baraja la posibilidad de que las mujeres participaran también en la caza, actividad sin duda central entre aquellos clanes.

La introdujo también en las primeras manifestaciones del arte, aquellas pinturas rupestres cuya interpretación nos es difícil de comprender en toda su envergadura, pero que ya sabemos que implicaban más significados de lo que hemos sospechado hasta el momento. Incluso se han acercado a la música de aquella época, que algunos investigadores han empezado a estudiar.

Las explicaciones nos encandilaron a todos y dejó claro el reto enorme que tuvo la escritora para afrontar su novela. Fue una invitación a su lectura, el sumo placer que supondrá introducirse en sus párrafos, sostenidos por la conciencia de un tiempo tan apasionante y prolijo.



lunes, 25 de noviembre de 2019

Gyotaku en el Itsasmuseum




Cuenta la leyenda que su origen se remonta al periodo Edo, entre el siglo XVIII y XIX, cuando un noble logró capturar un enorme pescado y quiso vanagloriarse ante el Emperador, pero no estaba cerca para mostrárselo, y a uno de los samuráis que le acompañaban se le ocurrió embadurnar el pez con tinta para ponerlo luego entre dos papeles y frotar suavemente con sus manos, de modo que quedó grabado y de esta forma se pudo ver la envergadura del animal.




Lo emplearon después los pescadores, también para dejar constancia de las capturas. Dicen que por las escamas de los peces se puede conocer su edad, de allí que se fuera afinando el método para no perder detalle alguno. Es importante el papel a emplear como la tinta, pero lo fundamental es el modo de frotar sobre el papel para captar la imagen del animal. Frotar se dice taku en japonés. Gyo significa pez.


Pronto se convirtió en un arte, el Gyotaku, que se expandió por Japón pero también por otras costas de Asia. El refinamiento logró que se buscara una mayor pulcritud y delicadeza. Se comenzó a emplear también con otros animales del mar.

Este pasado domingo, el 24 de noviembre, tuvimos la ocasión no sólo de apreciar algunos de estos grabados, sino también de que nos los explicaran José María Ferarios y José Abel Sánchez, ambos creadores, artistas y difusores de esta técnica entre nosotros. Exponen de modo conjunto en el Itsasmuseum de Bilbao, allí donde hubo astilleros no hace tanto tiempo y el mar estuvo tan presente, lo está aún hoy, y ambos nos fueron contando cómo se lleva a cabo la técnica de grabar peces en papel.

José María Ferarios, hombre muy relacionado con el mar, nos fue contando los secretos de este oficio artesanal, su tradición y la técnica cuidadosa y ponderada, los distintos papeles que se requieren, los que mejor resulten para captar los perfiles y los detalles del animal que se pretende grabar, las tintas que se necesitan y, sobre todo, el modo de frotar para que el resultado sea idóneo. José Abel Sánchez, por su parte, aplica color, mezcla otros elementos con resultados a veces sorprendentes y aprovecha también lo desechado por José María Ferarios para dar con otros formatos y otras maestrías.

No cabe duda de que el resultado nos fascinó e intrigó a la vez.

Nos hablan, entre grabado y grabado, de los talleres que organizan y del interés que despiertan entre niños y mayores. Entre grabado y grabado también escuchamos poemas sobre el mar y viejas leyendas del Japón.

Y así se nos fue la visita, fascinados por los mundos marinos y por los grabados que invitan a soñarlos.

Las fotos son de José Luis Gutiérrez Landa





lunes, 4 de noviembre de 2019

Lecturas en la noche de ánimas


Al final, cualquier excusa es válida para reunirse, para que nos demos compañía y  nos dediquemos a contarnos historias. Esta es, al fin y al cabo, la verdadera función de la literatura, da lo mismo que sea al calor de una hoguera una noche de verano o junto a la chimenea en el frío invierno, por una razón cualquier o por una fecha determinada, el día del libro por ejemplo o el nacimiento de un escritor, o porque de algo habrá que hablar, ya estemos en el campo, en una casa o en un bar, también da igual que empleemos un libro convencional, en papel, si puede ser algo ajado y amarillentas sus hojas, o cualquier formato de esos que se emplean hoy, lo que importa, lo que de verdad tiene valor, es leer y compartir relatos, ideas y sensaciones.

Vale, es verdad, Halloween es una fiesta importada, algo que hemos visto una y mil veces en películas y en series norteamericanas, no es una costumbre nuestra, si es que hay en verdad algo nuestro, digamos que de esas cosas que se remontan a cientos de años, también es cierto que se ha empezado a poner en práctica hace cuatro días, como quien dice.

Pero ¿acaso hay alguna costumbre que no sea importada, que adoptemos en algún momento, que finjamos que es real?¿No somos al fin y al cabo consecuencia de mezcolanzas varias, de gestos que se intercambian, a veces se imponen, en ocasiones se van asumiendo sin que nos demos cuenta, incluso por puro placer?

No otra cosa es la literatura, un sinfín de autores que escriben en un sinfín de lenguas y emplean un sinfín de historias que les inspiran, a veces se las prestan unos a otros, se las toman de inspiración, reescriben los mismos relatos una y otra vez, y los leemos también una y otra vez porque cada lectura ejerce un efecto distinto. Además, aquí también, lo que importa no es la repetición, sino lo que sintamos en cada una de las lecturas.

Así que la noche de ánimas o de muertos o de espíritus macabros, lo que sea, nos reunimos en la terraza del bar El Allende, en pleno Portugalete, y mientras por las calles del casco viejo de la Villa se cruzaban gentes del lugar con disfraces variados, un tanto tenebrosos y por supuesto mortuorios, nosotros nos dedicamos a compartir historias, un rato lago disfrutando con la literatura.

No pudieron faltar Poe, Bécquer o Larra, pero también otros que nos obnubilaron, nos sacaron un poco de resquemor o, por el contrario, nos hicieron reír, que también los hubo. Llegamos incluso a cantar, aun cuando esto contraviniese el deber de sentir miedo o incertidumbre. No olvidemos que hablamos de la muerte y del más allá, no cabe más incertidumbre. Pero nada da de verdad miedo si se comparte un rato de camaradería y de literatura.



martes, 22 de octubre de 2019

Exposición de José Abel


El día no pudo ser mejor para la visita que realizamos el pasado domingo 20 de octubre a la exposición de José Abel en el Museo de la Industria Rialia de Portugalete: lluvioso, nublado y con una bruma que lo envolvía todo a medias, un día gris, aunque desde luego no caótico como cabría esperar, más bien el caos formaba parte únicamente de la atmósfera recogida en los cuadros expuestos, cuadros de la ciudad de Bilbao, de su ría y de otras ciudades que cuentan a su vez con la presencia de agua.

La exposición lleva el nombre de Blade Runner, la mítica película de Ridley Scott realizada en 1982, una distopía en una ciudad, ésta sí, caótica, y también obscura y opresiva.

A José Abel, nos dijo, le sorprendió y le impresionó la historia narrada en la cinta, pero sobre todo la ciudad que estaba detrás y que era su escenario. Sin duda, la pudo hacer suya con cierta facilidad porque la ciudad en la que creció, ese Bilbao industrial, humeante sin fin y un tanto tenebroso, tenía algo que emparentaba con la de la película, a pesar de las diferencias.

Pero, ¿qué pasa cuando una ciudad se transforma, como ocurre en esta época postindustrial, hasta el punto de volverse otra, tal como le ha ocurrido a Bilbao y sin duda a muchas otras ciudades? Pues que es esa ciudad que vio de pequeño, cuando bajaba con su madre desde Zabala, la que se le quedó en su memoria y la que plasma en su obra, nos cuenta, a pesar de los cambios y aun cuando pinte la ciudad actual, al fin y al cabo se trata de «lo que veo en mi interior, no lo que veo en la foto», y en consecuencia transmite la ciudad de entonces, es esa misma ciudad la que ha perdurado, más allá de los cambios.

Las palabras que más repitió José Abel en sus explicaciones fueron: gris, caos y agua, las fue repitiendo a medida que nos hablaba de los cuadros, o sea, un color, una sensación y algo físico. Puede parecer que la combinación de las tres lleva a una fealdad decadente o a una decadencia fea, pero de lo que se trata es de «hacer algo bonito de algo feo», tal es quizá la función del arte, además de la reflexión, y en la que también cabe la esperanza, como queda reflejado en uno de los cuadros, el de Sarajevo.

Fuimos compaginando la contemplación de los cuadros –Bilbao, París, Londres, Berlín, Sarajevo, Budapest, Shanghái y Beijing– y las explicaciones del pintor con lecturas de textos de autores locales y foráneos, creando entre quienes participábamos una atmósfera de enorme complicidad. Sin duda, nos permitirá contemplar la ciudad de otra forma, con mayor sinceridad, entre líneas.

Las fotos son de José Luis Gutiérrez Landa